Origen escopetas Laurona

Origen e historia de las escopetas Laurona

Las escopetas Laurona son un arma de  fabricación española con una amplia oferta de escopetas paralelas y superpuestas que presentan un diseño en el que se combinan el presente y el futuro, y que aplica en ellos la más moderna tecnología. Sus precios pueden variar mucho en función de si se trata de un arma nueva o de segunda mano. Lo normal es que vayan desde los 800 a los 1.200 euros cuando son nuevas y desde los 300 euros cuando son de segunda mano.

Con más de medio siglo de experiencia fabricando armas de fuego, esta marca pone a disposición de los aficionados a la caza un impresionante trabajo de investigación y constantes ensayos, formación armera y tecnología de vanguardia.

Escopetas cuidadas hasta el último detalle que incorporan todos los avances tecnológicos, balísticos y de diseños más importantes que se han hecho hasta el momento, fabricando armas perfectas para cualquier disciplina de caza y tiro. Una gran precisión, una gran robustez y fiabilidad, una agradable y sencilla manejabilidad, ajustes perfectos, líneas sobrias y armoniosas y un cromo negro que las hace inoxidables para siempre.

Origen de las escopetas Laurona

La fábrica de escopetas Laurona due fundada en el año 1941 por cuatro armeros artesanos: Pedro Gorosabel, Francisco Muguerza, José Ganchegi y Xabier Azpitarte, a los que más tarde se unió Casildo Churruca. El primer taller se ubicó en la tercera planta del edificio Ibargain, al final de la calle jardines, en la ciudad de Eibar.

A finales de los años cincuenta, Jesús Aranegui y Fernando Martín, que habían creado la sociedad Aramar para hacer exportaciones, empezaron a trabajar para Laurona en la comercial  de la empresa.

En el año 1960 se trasladaría a la primer planta del edificio Almaral, en la cuesta de Muzategui. Y en el mes de marzo del mismo año la marca se constituyó como sociedad mercantil entre Francisco Muguerza, Casildo Churruca, Pedro Lasuen, Fernando Martín, Jesús Aranegui, José Luís Asua y Agustín Muguerza. Además, en 1965 se unieron nuevos socios: Eduardo Iraegui, Rodolfo Echeverria y Alejandro Ormaechea. Este mismo años, el ingeniero Eduardo Iraegui, padre de los últimos diseño de la fábrica Star se asoció con Laurona con motivo del proyecto de la escopeta superpuesta.

Fernando Martín estuvo compaginando su trabajo comercial en la Star con el de Laurona hasta que en el año 1971 decidió dedicarse plenamente a la marca de armas, cuando fue constituida como Sociedad Anónima.

En aquellos años se produjo una lucha de precios entre los armeros de Eibar por tener la escopeta más barata. Todas ellas se basaron en el modelo Anson Deeley (Eder), creado hace unos 130 años. Eduardo pensó que lo mejor sería fabricar un modelo diferente al resto para sacar ventaja a la competencia y fue así como se creó la escopeta superpuesta. Por aquel entonces ya se fabricaban escopetas superpuestas en los talleres de Víctor Sarasqueta e Ignacio Ugartechea, pero eran muy caras, ya que se hacían prácticamente a mano. Fernando y Eduardo pensaron que no se podía continuar la fabricación con procesos tan antiguos, por lo que Eduardo ideó un prototipo de una escopeta del 12, que satisifizo ampliamente las expectativas de los socios de la compañía. Pero, al no contar con suficiente capital, empezaron a fabricarse con escasa mecanización, para lo cual Eduardo pensó en el uso de la microfusión a gran escala para crear la báscula y otras piezas del arma, puesto que esta técnica permite obtener conformaciones complejas, pero con magníficas tolerancias al desarrollo de una escopeta.

Los años dorados

Después de terminar la planificación de la nueva arma, Laurona montó una ampliación del taller en el edificio Txonta 3, donde anteriormente había estado la empresa Laster. Al disponer solamente del permiso de ensamblaje y no de mecanización, fue necesario crear un proyecto de fabricación para someterlo a la Inspección de la Dirección General  de Armamento, que concedió el permiso de fabricación.

Gracias a todo ello, las escopetas Laurona pudieron venderse por 10.000 pesetas, en lugar de por las 60.000 pesetas que valían las de los talleres artesanos de Eibar. Por eso, no es extraño que vendieran todo lo que producían. Esto hizo que las instalaciones se fueran quedando pequeñas para hacer frente a la gran producción, trasladándose a fábrica al edificio Sao Paulo.

Lamentablemente hace unos años, Laurona cerró sus puertas, por lo que las únicas escopetas que pueden comprarse de la marca son las que están en fábrica o en armerías a la espera de venderse, así como aquellas que se anuncian en portales de armas de segunda mano. Eso sí, la firma dejó indudablemente su huella en el mercado. Actualmente siguen haciéndose los famosos cromados negros mate de Laurona. Hay que destacar que la marca fue la primera en utilizar este tratamiento en los cañones y en la báscula mientras que otras empresas tradicionales, que no supieron ver sus ventajas, continuaron con el pavonado de siempre.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *